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Críticas · Temporada 2025/26
la mezzo Sandra Ferrández y el barítono César San Martín. Ambos acreditaron desenvoltura, dominio de las tablas y plena compenetración interpretativa, además de factura musical y acentos intencionados, tanto en arias y dúos, como en los recitativos, tan fundamentales en este contexto.Nos gustó la prestación del Julián de César San Martín, de profunda y timbrada voz de barítono, quien supo resaltar los momentos más emotivos de su papel: desde los iracundos exabruptos contra sus celos "mal reprimidos" a sus confesiones de dolor y cariño por su novia SusanaEl barítono César San Martín, en el papel del celoso Julián, fue, sin duda, el gran protagonista de la representación gracias a una sólida caracterización dramática y una buena proyección vocal.Por su parte, el barítono César San Martín cumplió con creces como Felipe, mostrando una sólida emisión y una voz bien timbrada. Si bien se ajustó al perfil castizo del personaje, supo darle un toque mucho más romántico, escénica y vocalmente.Felipe, al que dio vida César San Martín con variedad de matices y una bien asentada voz baritonal.El barítono César San Martín, debutante en el personaje de Felipe, brilló con su bien timbrada voz que maneja con soltura y una interpretación matizada del personaje.Sin duda, la actuación más lograda, por vocalización y dicción, fue la del barítono César San Martín.Completaba el reparto el buen barítono César San Martín que hizo un Paquiro muy creíble. En todo momento estuvo en su papel tanto en la parte canora como en la interpretación escénica. Siempre muy alejado de cualquier amaneramiento, personaje popular el del gran torero que supo transmitir con sobriedad y elegancia la personalidad que Periquet y Granados atribuyen al majo, popular, pero contenido. Sobrio y elegante. Muy positiva su actuación.De libro el torero Paquiro, arrogante y ardoroso, además de sólido vocalmente, del barítono César San Martín.el fanfarrón y provocador torero Paquito del siempre solvente barítono Cesar San MartínCésar San Martín encarnó un Julián atormentado, de emisión franca y presencia rotunda, muy destacado en sus intervenciones.el madrileño Cesar San Martín (Astolfo) enseñó la voz más amplia y aunque es un barítono y no un bajo pasó los graves con suficiencia y mostró un gusto exquisito en sus frases.El barítono César San Martín se suelta la melena —figurada y literalmente— y brinda una tronchante creación cómica sin sacrificar la musicalidad. Su interpretación del número "Es chiquitito, blanco y rubito" es prodigiosa en este sentido: mientras se somete a un tratamiento de belleza rayano en la tortura, víctima de cada vez más muecas y espasmos, no pierde la línea de canto y resuelve pasajes ornamentados, saltos y descensos al grave, exhibiendo un tono homogéneo en toda su extensión y dotando de intención a las palabras.si los cuatro intérpretes en su doble cometido alcanzaron una gran altura, es justo destacar, que la bandera la colocó César San Martín, como absoluto dominador de toda la velada. El barítono madrileño sumó a su templanza canora y solidez musical una hilarante, genial, creación «in travesti» de la Baronesa en Gato por liebre y un Don Alfonso en El Vizconde, paródico, pero sin excesos, en su ridícula afectación como custodio de la estirpe Vivar.